domingo, 8 de mayo de 2011

La llave que vació el mar


Cada verano en la isla se me hacía mas y mas aburrido, pero al mismo tiempo, en aquel tedio pegajoso que llenaba las calurosas tardes podía encontrase con no poca frecuencia lo inesperado.


Era una sirena, también aburrida, que había salido a dar un paseo. Aún llevaba su diminuto pijama y era fácil suponer que había estado intentando echarse una siesta sin éxito.


A pesar de las aparentes diferencias entre nuestros dos mundos no tuvimos mucho que contarnos, simplemente caminamos por la playa, paseando...


Las viejas llaves parecían un enjambre de animales chirriantes y oxidados que había salido del fondo del mar atraídos por una misteriosa fuerza magnética que los retenía atrapados en ese preciso punto de la orilla.


El viejo marinero apareció como si siempre hubiera estado allí, como parte del paisaje, apestando a tabaco añejo de pipa y sin mediar palabra alguna se puso a recoger las llaves sin ninguna prisa, levantando la arena descuidadamente  con sus enormes manos y dejando al descubierto parcialmente un  imán formado por un tubo macizo extrañamente doblado en forma de U, que luego tuvo que enterrar de nuevo.


Sólo nos preguntó si teníamos hambre.La tarde caía en silencio mientras el camino hacia su casita prefabricada se llenaba de sombras azules.


Nos contó que su principal sueño era encontrar la llave de una antigua puerta que el mar le trajo junto con otros pecios  : restos de una casa, de un hogar con los que había decorado su propia vivienda, hacía mas de diez años. Nos contó también, muy despacio, como si su voz se desprendiera del movimiento de los astros, otros sueños que ya había vivido, cada uno más fantástico que el anterior. Aquel si que fue un gran verano.


El verano siguiente ya no los encontré. a ninguno de los dos.


Pero por las pistas que sí encontré, parecía que habían emprendido juntos un viaje a través de aquella vieja puerta, y que la sirena ya no era ni tan pequeña ni tan joven, y que el marinero tampoco era ya, tan tan grande, ni tan viejo, y que ambos podrían caminar de la mano, sin hablar, juntos, durante mucho, mucho tiempo.