sábado, 30 de abril de 2011

Ventanas desde el día


También hay noches en la luz y días demasiado pequeñitos para vivirlos que acaban escurriéndose del tiempo, imperceptibles, como insectos de incontables patas, hacia momentáneos pasajes de sombras que se abren de repente en los rincones.

El aire de las cigarras



Fue un breve descanso, pero cuando quisimos darnos cuenta, había llegado la ola .

Las esperas del mayordomo

Parkings- ¿Qué está usted haciendo con mis mejores medias de seda?

...siempre sufren asaltos inesperados de seres vigilantes y quisquillosos...

lunes, 25 de abril de 2011

El riesgo de los pequeños favores

¿Tendría usted un minuto, Mr Wainwright?

...con sentido del humor y procurando llevar en todo momento una escalera de bolsillo tampoco es necesario desconfiar siempre de los pequeños favores...

domingo, 24 de abril de 2011

De como en una ocasión un pequeño ratón tuvo miedo de cruzar un arroyo


Como cada mañana desde hacía varios días la pequeña Blanca desaparecía de casa para perderse entre los pastos y tenderse durante horas en la linde del arroyo absorta en algún misterioso acontecimiento  por venir. Desde el porche de su casa la llamada cada día más irritada de su madre se perdía preocupada entre los campos sin hallar respuesta alguna .


En el viejo camino que llevaba al arroyo, y prácticamente a la misma hora, aparecía con una cautela tan extrema que rozaba la timidez, un pequeño ratón. Se acercaba temeroso a la orilla y emprendía el mismo ritual de cada día: mirar fijamente la otra orilla y su más allá; comprobar una y mil veces la anchura del arroyo, acercarse y alejarse olisqueando el agua...

Blanca observaba con la fijeza de una curiosidad desorbitada cada  titubeo de lo que ella interpretaba como el miedo de su pequeño amigo,  pero, más que la comprensión de la conducta del animal lo que realmente le fascinaba era la posibilidad de llegar a comprender e incluso sentir como sería el miedo de un ratón


Finalmente, derrotado por alguna clase de misteriosa indecisión el ratón se marchaba agotado y Blanca, sonámbula,  regresaba a la granja, donde le esperaba la consabida reprimenda de su madre.




Pero de nada servían los castigos y las regañinas; cada mañana una fuerza irresistible la obligaba a escabullirse de ellos, escaparse hacia el arroyo y emprender un ritual de observación simétrico al del pequeño ratón.


Hasta que un día, en la amable espera de ambos, lo que esos dos seres parecían esperar , ocurrió. Imposible saber quien o qué descubrió a quien. tan solo ocurrió, demasiado rápido para ser percibido. En un instante el ratón se encontraba como siempre observando inescrutable la otra orilla del arroyo y Blanca a su vez observándolo a él desde el borde del pastizal, y al instante siguiente ambos se estaban mirando de frente  y acercándose lentamente el uno al otro atraídos por la singularidad de un magnetismo natural.


Y entonces ocurrió: sin mediación de tiempo ni transformación alguna donde antes estaba el ratón ahora estaba la niña, disminuida,  y donde antes estaba la niña ahora el ratón avanzaba imparable por los pastizales hacia la casa como una bestia gigante que no podía dejar de moverse ni de crecer.




La velocidad del ratón aumentaba a la par que su crecimiento y en unos segundos había adquirido el tamaño y la fuerza suficientes para destruir a su paso  toda la granja. Se perdió en el horizonte como un tifón de grandes orejas blancas, sin dejar de crecer, y continuó inconsciente e imparable un camino no trazado arrasando ciudades, pueblos, y toda la vida humana que encontraba a su paso. No había intención alguna en la destrucción que causaba tan solo la fuerza bruta e inhumana de su desmesurado crecimiento.




Mientras tanto la pequeña Blanca había asumido su nueva condición diminuta sin mayor preocupación y caminaba sin rumbo a través de los campos inmensos. En cierto modo había dejado de sentirse humana y no le preocupaba en absoluto ni la destrucción de su hogar ni  la muerte de sus padres ni la próxima desaparición de la humanidad. Nada de aquello tenía ahora mucho que ver con ella. Su nueva existencia entraba en corrientes de vida en las que sencillamente no tenían cabida ninguna culpa ni ninguna clase de pertenencia o de agregación. Lo único que la tenía preocupada era lo que iba a ser del pequeño ratón. Curiosamente para ella siempre sería pequeño a  pesar de que en aquellos momentos su tamaño le estaba llevando a ponerse la estratosfera por sombrero. Una radio de mano abandonada y que aún funcionaba le trajo las noticias que tanto esperaba.




-Aqui Ricardo Botellín informando. Puede decirse con total seguridad que la raza humana así como todas sus ciudades y logros han sido barridas de la faz del planeta por el paso imparable del vertiginoso crecimiento de un pequeño ratón de campo. Los científicos apenas han tenido tiempo de desarrollar ninguna hipótesis y los hombres de fe han visto sorprendidos sus rezos y confesiones por esta inesperada fuerza de la naturaleza.

-¿Pero, y el ratoncito?- espetó Blanca a la voz que salía de la radio- ¿Está bien?...

-Si señores y señoras, el ratón parece encontrase en un estado de salud envidiable. En estos instantes es casi tan grande como el planeta y se encuentra dispuesto a dar un gran salto al espacio desde el hemisferio norte. es previsible que tras el mismo  la fuerza de sus patas traseras desvíe a la tierra de su órbita convirtiéndose está en un planeta errante.

-Ah, menos mal- se dijo Blanca - Dicen que el espacio es infinito y está en continua expansión....allí podrá crecer todo cuanto desee...¿pero y el oxígeno?..

- No le hará falta. Ya no respira, sólo crece. No necesita el aire solo sitio para crecer- le respondió con una certeza absoluta la voz del locutor.



-Pero...¿tú como lo sabes?- meditó Blanca en voz alta después de unos segundos de extrañeza- además, ¿ no acabas de decir que ya no quedaba ningún ser humano sobre la tierra?...¿quien eres...?.
- Vaya...ahora que lo mencionas...yo...nosotras...somos...no somos...¿quienes somos?...
-Ondas de radio- dijo  Blanca con seguridad recordando algunas lecciones del colegio- no sois una voz humana sois ondas...ondas libres. 
-¡Por todos los hercios!...¿ así que podemos tener cualquier voz que queramos?...la tuya por ejemplo..
-¡¡Eh!!, a mi voz dejadla tranquila...buscaos la de algún actor famoso...

Y se alejó malhumorada de la vieja radio, escuchando de fondo el entusiasmo que su recién descubierta consciencia había producido en las ondas de radio. Volvió cerca del arroyo y algo de color verde inmenso le llenó la cabeza. Entonces improvisó una barquita con la primera cosa de color verde que encontró y se dejó llevar por la corriente.